Leyenda de la Aurora Boreal

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¿Qué provoca la aurora boreal?
Zorro Artico

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Leyenda Sobre los gatos

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Leyenda sobre los gatos
Cuenta una vieja leyenda que en épocas lejanas del viejo imperio los gatos eran dueños del cielo infinito y se declararon señores de mares y ríos.
Los cielos los temían, cruzaban las nubes como dioses supremos con sus amplias alas. Y los hombres admirados de su belleza y osadía los adoraban como también rendían culto a su magnífica presencia.
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La leyenda del conejo de la luna (II)

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Tsuki no Usagi
Esta leyenda también tiene su versión japonesa, donde el conejo recibe el nombre de Tsuki no Usagi. Según esta versión, apareció un día en un poblado de Japón un viejo que al parecer estaba pasando muchas necesidades, y le pidió ayuda y alimento a tres animales: un mono, que subió a un árbol y le bajó algunas frutas; un zorro, que cazó para él un ave; y una liebre, que no pudo más que regresar sin nada.

Cuando vio el sufrimiento del pobre hombre, sintió mucha pena y culpa; por lo que encendió una hoguera y se introdujo en ella como sacrificio. Al ver esto, el viejo descubrió su verdadera identidad, ya que era un poderoso dios. Apenado por el fin del animal, quiso inmortalizar su sacrificio dejando para siempre su estampa en la luna.

Esta versión suele contarse a los niños japoneses, explicándoles luego que los conejos hoy saltan en la tierra intentando alcanzar a su héroe en la luna.

Fuente: sobreleyendas.com
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La Leyenda del conejo de la luna (I)

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Quetzalcóatl
Quetzalcóatl, un dios imponente y bueno viajaba por el mundo en forma de hombre.

Cansado de caminar todo un día, notó que su apetito aumentaba, pero siguió su marcha, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y se asomó la luna.

Se sentó para reponer fuerzas sobre las raíces de un árbol frondoso, desde donde contempló a un conejo.

-¿Qué estás comiendo?, – le preguntó.

-Estoy comiendo zacate _ contestó el animal. _ ¿Quieres un poco?

-Gracias, pero yo no como zacate.

-¿Qué vas a hacer entonces?

-Morirme tal vez, de hambre y de sed.

El conejito se acercó a Quetzalcóatl y con gran humildad le dijo:

-Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme. Me tienes al alcance de tus manos.

El benevolente dios, sorprendido por la reacción del conejito, le dijo:

-Tú eres un simple conejo, pero de aquí en más, por tu generoso corazón, todo el mundo te recordará.

Entonces, el dios lo levantó muy alto, muy alto, hasta llegar a tocar la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después, el dios lo bajó a la tierra y le dijo:

_ Ahí tienes tu imagen, dibujada sobre el brillo de la luna, para que los hombres de todos los tiempos recuerden la bondad de tu corazón.

Fuente: sobreleyendas.com
Adaptación de la leyenda tradicional por María Cecilia Labanca.
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